domingo, mayo 17, 2009

Derechos


La noche anterior me había acostado a las 3 y media de la mañana y ese día me había levantado a las 7. Mientras intentaba estudiar, una marcha de protesta decidió que mi vereda era el mejor lugar para que el Gobernador escuche sus reclamos, y una y otra vez tuve que volver a empezar ese maldito párrafo porque entre bombos y bombas era imposible concentrarse.
Con el tiempo justo llegué a rendir pero el profesor llegó un rato tarde, el rato necesario como para que olvide todas y cada una de esas definiciones que había archivado en el viaje de colectivo de una hora que hay entre mi casa y la facultad.
Frustrado quise irme a dormir pero en el camino de vuelta me percaté de que tenía la visita de un amigo de Paraná y dejé impecable el departamento arrugándome las manos con lavandina.
Cuando quise tomar un café mi alacena me anunció que el último había sido esa mañana, y me arreglé con un té inoloro, incoloro e insípido.
Para terminar ese día fui a buscar a mi amigo a la terminal y mientras se me congelaban los pies, mientras esperaba los 25 minutos de demora que tenía el coche, mientras pensaba que cuando llegue a casa tenía terminar el trabajo que era para la mañana siguiente, una niña de no más de 8 años pasó al lado mío y tiritando dejó sobre mis piernas una estampita algo arrugada con la cara de Mickey Mouse.
Giré para ver que una joven sacaba una moneda y se la daba a la niña y no me di cuenta de que otra niñita, igual de sigilosa, igual de desabrigada, se llevaba mi estampita tratando de evitar pedirme algo a cambio.
No me di cuenta de la niñita, pero me di cuenta de que al menos por esa noche, al menos por ese día, no tenía derecho a quejarme absolutamente de nada.

Hoy: Tracy Chapman - The Promise



4 interesados:

susana dijo...

el derecho a quejarse es una costumbre nacional, provincial y regional pero termina cuando empieza el derecho a quejarse de los demás. Casi nadie se percata de este límite.

Miguelo dijo...

"Podría ser peor,podría ser peor..."
Lo bueno de nuestra desgracia es que siempre puede ser peor...y tocar fondo en realidad significa no poder levantarse nunca más.

El tiempo es ahora, nos estaban mintiendo!!!Y quejarse sólo alimenta ese concepto artificial,¿o no?

Un abrazo amigo...se extraña el tiempo de filosofar entre pares...creo que nos lo debemos.


p.d.: vos tenes que entender que yo SIEMPRE entro al blog...SIEMPRE. UNA HOOOORA LEYENDO BORIS,UNA HOOORA!!!

ProSerpina dijo...

Me pasa más que seguido, incluso cuando me quejo,me quejo de no tener en realidad derecho a quejarme...ser tan conciente de eso no me deja quejarme en paz...

Tampoco uno se puede olvidar de eso tan fácil, de esas nenitas, de esos nenitos veo todos los días...y es triste suspirar en una queja que es queja de otro, porq sólo es eso... una fucking queja

de la ribera dijo...

Cuando escribistes esto?. no importa es atemporal...la miseria digo.
Me he descubierto otro lado hipócrita; los chicos en las esquinas: limpiando vidrios, tratando de hacer malabares y digo a quien en ese momento me escucha ¿no te parece que deberían estar haciendo otra cosa?, ¡que dirigentes de mierda que tenemos!
Cuando desando el trayecto y voy solo pienso, sí se que lo he pensado, no el pensamiento completo porque no me lo permito, pero un comienxo es suficiente: " otra vez estos pendejos manguenado"